Google recibe demanda por utilizar obras protegidas para entrenar su modelo Lyria 3
Los demandantes se basan en investigaciones publicadas por los propios científicos de Google entre 2022 y 2023, describiendo cómo recopilaron casi 50 millones de videos musicales de internet.
El desarrollo de modelos generativos capaces de crear música a partir de simples instrucciones de texto sigue dando origen a numerosas demandas por infracciones de derechos de autor. La última batalla enfrenta a un grupo de músicos independientes con Google, acusada de haber entrenado su modelo de inteligencia artificial musical Lyria 3 utilizando grabaciones protegidas por derechos de autor extraídas de YouTube sin permiso ni compensación.
Lanzada el 18 de febrero dentro de la aplicación de chatbot Gemini, Lyria 3permite a los usuarios generar fragmentos musicales de hasta 30 segundos con voces y letras simplemente introduciendo instrucciones de texto o incluso imágenes.
Según Google, el objetivo de esta tecnología no es crear “obras maestras musicales”, sino ofrecer una forma divertida de expresión creativa para sus usuarios. Pero detrás de esa narrativa experimental se encuentra un despliegue potencialmente masivo: Gemini cuenta con más de 750 millones de usuarios activos mensuales, lo que convierte a Lyria 3 en una de las herramientas de generación musical con mayor alcance inmediato.
La ambición de Google en este campo no es nueva. El gigante tecnológico lleva años investigando la generación musical mediante inteligencia artificial con proyectos como MuLan, MusicLM y versiones anteriores de Lyria. Sin embargo, el lanzamiento de Lyria 3 marca un paso importante hacia la integración comercial de estas herramientas dentro del ecosistema de productos de la compañía.
La acusación central: entrenamiento con música sin licencia
El grupo de artistas que presentó la demanda sostiene que Google entrenó Lyria 3 utilizando millones de grabaciones protegidas por copyright sin autorización.
Según el documento judicial de 118 páginas, la empresa habría copiado:
44 millones de clips musicales
280.000 horas de audio
extraídos de videos musicales disponibles en YouTube
El argumento de los demandantes se basa en investigaciones publicadas por los propios científicos de Google en artículos académicos entre 2022 y 2023. En esos estudios se describe cómo los investigadores recopilaron aproximadamente 50 millones de videos musicales de internet, extrayendo clips de 30 segundos para entrenar modelos de inteligencia artificial.
Tras un proceso de filtrado, el conjunto de datos habría quedado en 44 millones de clips, representando cerca de 370.000 horas de música grabada.
Según la demanda, estos trabajos académicos no mencionan ningún acuerdo de licencia ni consentimiento por parte de los titulares de derechos.
Para los músicos, esto constituye una infracción masiva del copyright, ya que las grabaciones y composiciones habrían sido utilizadas para entrenar un sistema que posteriormente puede generar música similar.
El poder estructural de Google en la industria musical
Uno de los aspectos más interesantes de la demanda es el argumento sobre el “poder estructural” de Google dentro del ecosistema musical.
A diferencia de startups de IA musical como Suno o Udio, que también enfrentan demandas por músicos y sellos discográficos, Google no es solo un desarrollador de tecnología. También controla infraestructura clave del negocio musical digital.
El caso subraya tres elementos fundamentales:
Es dueño de YouTube, una de las principales plataformas de distribución y descubrimiento musical del mundo.
Control del sistema Content ID, la herramienta que permite a titulares de derechos identificar y monetizar el uso de sus obras.
Acceso directo a una base de datos masiva de grabaciones proporcionadas por los propios titulares de derechos.
De hecho, Content ID contiene más de 50 millones de archivos de referencia entregados por discográficas, editoriales y otros propietarios de derechos, junto con metadatos que identifican artistas, propietarios y territorios de explotación.
Según los demandantes, esto significa que Google tenía todas las herramientas necesarias para licenciar legalmente el entrenamiento de sus modelos, pero optó por no hacerlo.
Un patrón creciente de litigios contra la IA musical
El caso contra Google no surge en el vacío. Forma parte de una tendencia creciente de demandas contra empresas de IA en el sector musical.
En 2024 y 2025, varias compañías tecnológicas enfrentaron acciones legales por parte de artistas y discográficas por supuestamente entrenar sus modelos con música protegida.
Las discográficas mas grandes, incluyendo Universal Music Group y Warner Music Group, también han emprendido acciones legales contra plataformas de generación musical.
Estas disputas giran en torno a dos cuestiones clave:
si el entrenamiento de modelos con obras protegidas constituye uso justo (fair use)
si las empresas deben obtener licencias antes de utilizar ese material
Hasta ahora, los tribunales estadounidenses aún no han establecido un precedente definitivo para la música generada por IA, lo que convierte cada nuevo caso en una potencial pieza clave para definir el marco legal del sector.
La conexión con Udio y el ecosistema DeepMind
La demanda también menciona un detalle que podría resultar incómodo para Google.
Los fundadores de Udio —David Ding, Charlie Nash, Conor Durkan y Yaroslav Ganin— trabajaban previamente como investigadores en Google DeepMind.
Según el documento judicial, abandonaron la empresa, crearon la startup y lanzaron su propio generador musical basado en IA, también acusado de entrenarse con grabaciones protegidas.
Posteriormente, tras acuerdos legales entre Udio y algunas discográficas, Google lanzó Lyria 3, lo que los demandantes interpretan como parte de una estrategia más amplia dentro del ecosistema tecnológico.
Además, pocos días después del lanzamiento de Lyria 3, Google anunció la adquisición de ProducerAI, anteriormente conocida como Riffusion, una plataforma capaz de generar canciones completas con voces dinámicas.
Estos movimientos sugieren que Google está acelerando su estrategia en la creación musical con IA, posiblemente anticipando que este mercado será uno de los más relevantes en la próxima década.
Más allá del copyright: privacidad y derechos de voz
La demanda no se limita a la infracción de derechos de autor.
Los demandantes también incluyen reclamaciones bajo la Biometric Information Privacy Act de Illinois, argumentando que Google podría haber extraído y almacenado huellas vocales durante el entrenamiento del modelo.
Esto introduce un nuevo frente legal: los derechos biométricos sobre la voz humana.
Si los tribunales consideran que la voz de un artista constituye un identificador biométrico protegido, las empresas de IA podrían necesitar consentimiento explícito para utilizar grabaciones vocales en sus datasets de entrenamiento.
Este aspecto podría tener implicaciones enormes para el desarrollo de modelos capaces de imitar estilos vocales o generar voces sintéticas realistas.
El futuro del entrenamiento de IA en la música
Nuevamente un caso de litigio contra modelos de IA generativa refleja una tensión estructural entre dos industrias: la tecnológica y la creativa.
Las empresas de inteligencia artificial argumentan que el entrenamiento de modelos requiere grandes cantidades de datos y que el uso de material disponible públicamente en internet puede encajar dentro del concepto de fair use.
Por su parte, los músicos y titulares de derechos sostienen que estos modelos extraen valor económico directo de obras protegidas y por lo tanto deben licenciar ese uso.
Para la industria musical, el riesgo es claro: que la próxima generación de herramientas creativas se construya sobre décadas de trabajo artístico sin compensación adecuada.
Para las empresas tecnológicas, el desafío es encontrar un modelo que permita desarrollar estas tecnologías sin quedar atrapadas en una maraña de litigios.
En última instancia, los tribunales, y posiblemente los legisladores, tendrán que decidir si la música que alimenta la inteligencia artificial debe tratarse como materia prima gratuita o como un activo creativo que merece ser licenciado.
Seguimos en la espera…



