Justin Bieber en Coachella y la falta de transparencia en el negocio musical
Lo que me queda de todo el discurso sobre el set del artista es la profunda desinformación histórica sobre cómo funciona la industria de la música
La reciente actuación de Justin Bieber como cabeza de cartel en Coachella 2026 ha encendido un debate que trasciende lo musical para adentrarse en lo legal. Tras un set dominado por material de sus álbumes más recientes, SWAG y SWAG II, las redes sociales y tabloides como el Daily Mail no tardaron en especular: ¿Tiene prohibido Bieber tocar sus viejos éxitos tras vender su catálogo en 2023?
La respuesta es simple: No. La idea de que un artista no puede interpretar sus propias canciones tras vender sus derechos es uno de los mitos más persistentes y erróneos de la industria moderna.
Sin embargo la desinformación alrededor del set de Bieber se esparció como un virus durante todo el fin de semana, poniendo en evidencia el profundo desconocimiento que existe acerca de cómo funciona realmente la industria de la música.
Y esto no es culpa de ninguna de las personas que replicó una y otra vez (en inglés y en español) el malentendido sobre por qué Bieber hizo lo que hizo. Es una falla sistémica e histórica de una industria cuyo misterio es un elemento clave de su éxito.
¿Qué derechos vendió Bieber exactamente?
En 2023, Justin Bieber cerró un acuerdo histórico con Hipgnosis Songs Capital (ahora Recognition Music Rights). La transacción incluyó:
Derechos Editoriales (Publishing): El 100% de su participación en las composiciones (letra y melodía) de unas 290 canciones lanzadas antes del 31 de diciembre de 2021.
Regalías de Artista sobre los Masters: Su parte de los ingresos generados por las grabaciones originales de las composiciones en el punto 1.
Derechos Conexos (Neighboring Rights): Las regalías devengadas por la ejecución pública de las grabaciones.
Desde “Baby” hasta “Love Yourself”, Bieber monetizó su pasado. Sin embargo, vender la propiedad no es equivalente a perder el derecho de uso en vivo.
La Licencia de Ejecución Pública: La Clave del Directo
Para entender por qué Bieber puede tocar lo que quiera, debemos desglosar cómo funciona el derecho de autor en los conciertos. Bajo la ley de propiedad intelectual (especialmente en EEUU y la mayoría de los países occidentales), existen dos tipos de derechos principales:
Derechos de Composición: que pertenecen a los compositores y editoriales.
Derechos de Grabación (Masters): propiedad del sello discográfico o del artista.
¿Cómo funcionan los conciertos?
Cuando un artista se sube al escenario, el recinto (en este caso, el festival Coachella) es el responsable legal de obtener licencias generales (blanket licences) de organizaciones de derechos de ejecución como ASCAP, BMI o SESAC. Estas licencias cubren prácticamente todo el repertorio de música popular existente.
Dato Clave: La banda Geese hizo un cover de “Baby” en Coachella horas antes que Bieber. Si otro artista puede hacer esto, el propio Bieber también tiene el mismo derecho legal. No necesita pedir permiso a los actuales dueños de su catálogo (Recognition Music Rights) para cantar sus temas, del mismo modo que una banda de bodas no pide permiso a Paul McCartney para tocar “Yesterday”.
¿Por qué Bieber priorizó sus temas nuevos?
Si no hay restricciones legales, ¿por qué Bieber dedicó 50 minutos a canciones de SWAG y solo fragmentos a sus hits globales? La respuesta es artística y estratégica, no jurídica.
Promoción de Nuevo Material: Como artista en evolución, el interés de Bieber reside en posicionar sus álbumes de 2025.
Coherencia Estética: Según Billboard, los 12 temas antiguos que interpretó, algunos acompañados de sus videos de YouTube en pantalla, se sentían “fuera de lugar” en comparación con la propuesta vanguardista de sus nuevos sets.
Identidad Artística: Muchos artistas que venden sus catálogos lo hacen precisamente para “cerrar un capítulo” financiero y centrarse en su libertad creativa futura sin la presión de rendir cuentas a su “yo” del pasado.
El Auge de la Venta de Catálogos en la Era del Streaming
El caso de Bieber no es aislado. En los últimos años, artistas como Bob Dylan, Bruce Springsteen y Shakira han vendido sus derechos. Esto ocurre por tres razones principales:
Liquidez Inmediata: Los artistas prefieren un pago único masivo (como los $203M de Bieber) en lugar de esperar décadas a que las regalías por goteo alcancen esa cifra.
Planificación Fiscal: En muchas jurisdicciones, las ventas de catálogos tributan como ganancias de capital, lo cual es más favorable que los impuestos sobre la renta ordinaria por regalías.
Gestión de Legado: Empresas como Recognition Music Rights se especializan en “colocar” canciones en películas, anuncios y videojuegos, algo que un artista individual quizás no tiene el tiempo de gestionar.
Vender un catálogo es una transacción financiera de activos, no una renuncia a la identidad artística. Justin Bieber es, y siempre será, el intérprete de “Baby”. Legalmente, él es un “usuario” más del vasto repertorio mundial cubierto por licencias públicas.
La próxima vez que leas que un artista “no puede” tocar sus canciones porque ya no le pertenecen, recuerda: en el mundo del derecho de autor, quien es dueño de la propiedad cobra la regalía, pero quien tiene el micrófono es el dueño del momento.





También una decisión personal. Por una situación similar* (guardando las justas proporciones) Al músico colombiano Andrés Cabas le gusta muy poco interpretar los temas de su primer disco porque estuvo envuelto en enredos legales y termino perdiendo los derechos. Es decir, en medio de confusiones y malas decisiones, los derechos del disco quedaron a manos de un tercero no planeado. Y para Cabas eso significa: Cantar los temas de mi primer disco es llenarle los bolsillos al usurpador.