La prevención del fraude en streaming debería estar del lado de la distribución. TikTok se posiciona como líder de esta tendencia
Este movimiento de SoundOn es una respuesta directa a un fenómeno que lleva años creciendo: la manipulación de grabaciones existentes para generar (y monetizar) nuevas versiones
¿Quién es responsable de frenar la avalancha de contenido falso, manipulado o directamente infractor que llega a las plataformas de streaming? La respuesta, al menos para TikTok, empieza a ser clara.
SoundOn, el brazo distribuidor de la compañía asiática, ha decidido reforzar su infraestructura antifraude mediante la integración de la tecnología “Derivative Works Detection” de ACRCloud, una herramienta diseñada para detectar obras protegidas por copyright incluso cuando han sido alteradas significativamente.
Esto incluye prácticas cada vez más comunes como el cambio de velocidad (sped-up) o de tono (pitch shifting), dos técnicas que han proliferado en plataformas sociales y que, en muchos casos, sirven para esquivar los sistemas tradicionales de identificación.
El problema de fondo: manipulación masiva y fraude
Este movimiento de SoundOn es una respuesta directa a un fenómeno que lleva años creciendo: la manipulación de grabaciones existentes para generar nuevas versiones que, aunque derivadas, pueden monetizarse como si fueran originales.
Este tipo de contenido ha inundado plataformas como Spotify, Apple Music y Amazon Music, generando ingresos que muchas veces no llegan a los titulares legítimos de los derechos. Un problema que distorsiona el reparto de royalties y abre la puerta a esquemas de fraude a gran escala.
La tecnología de ACRCloud busca precisamente cerrar esa grieta. A través de audio fingerprinting avanzado, el sistema es capaz de identificar patrones en grabaciones alteradas antes de que estas lleguen a las plataformas. Es decir, el control se traslada a una fase previa a la distribución, un cambio clave en la lógica del control de calidad.
Más allá del algoritmo: verificación humana
Pero la innovación no se queda en lo tecnológico. SoundOn ha incorporado también un proceso de verificación de identidad para los usuarios que suben contenido, exigiendo documentación oficial con fotografía. Además, cualquier contenido sospechoso pasa a revisión humana.
Esta combinación de inteligencia artificial y supervisión manual refleja de forma inequívoca que los sistemas automatizados no son suficientes por sí solos. La sofisticación del fraude, especialmente con herramientas de IA generativa, exige capas adicionales de control.
Según Nichal Sethi, responsable de SoundOn en EMEA, el objetivo es claro: garantizar que la música distribuida sea “original, autorizada y confiable”. Pero detrás de esta declaración institucional hay una presión mucho más tangible.
TikTok bajo presión: acuerdos, rupturas y exigencias
El endurecimiento de las políticas de SoundOn llega en un momento especialmente delicado para TikTok. En 2024, la compañía protagonizó un sonado enfrentamiento con Merlin Network, el consorcio que agrupa a más de 500 sellos independientes. La ruptura de negociaciones se produjo, en parte, por la proliferación de versiones manipuladas de grabaciones protegidas dentro de la plataforma.
Ese mismo año, TikTok también tuvo que recomponer su relación con Universal Music Group tras otro conflicto de alto perfil. El nuevo acuerdo incluyó compromisos explícitos para proteger el catálogo del gigante discográfico frente a contenidos generados o alterados por IA.
TikTok necesita demostrar que puede controlar el contenido que circula en su ecosistema, no solo por razones éticas, sino para mantener sus acuerdos comerciales con los principales actores de la industria.
La responsabilidad de los distribuidores, en el punto de mira
El debate, sin embargo, va más allá de TikTok. La responsabilidad de los distribuidores digitales se ha convertido en uno de los temas más controvertidos del sector.
Un ejemplo claro es la demanda presentada en 2024 por Universal Music Group, ABKCO Music & Records y Concord Music Group contra Believe y su filial TuneCore. La acusación: haber construido su negocio, en parte, sobre la distribución masiva de contenido infractor, incluyendo versiones manipuladas de grabaciones protegidas.
Aunque ya ambas partes han resuelto la disputa fuera de tribunales, el caso ha intensificado el escrutinio sobre el papel de los distribuidores como gatekeepers del ecosistema digital.
La avalancha de la IA: un desafío exponencial
A todo esto se suma un factor que multiplica la complejidad: la inteligencia artificial. Plataformas como Deezer han revelado cifras alarmantes: hasta 60.000 canciones generadas completamente por IA llegan cada día a su sistema, representando cerca del 39% de todas las entregas diarias.
Más preocupante aún: hasta el 85% de las reproducciones de este contenido han sido identificadas como fraudulentas.
En respuesta, Deezer ha desarrollado sus propias herramientas de detección, mientras que empresas como Musixmatch han lanzado soluciones como Sentinel, capaces de identificar el uso no autorizado de letras incluso en contenidos generados por usuarios o IA.
Incluso grandes discográficas como Sony Music han tomado medidas drásticas, solicitando la retirada de más de 135.000 canciones creadas por impostores mediante IA.
Un nuevo estándar en construcción
La alianza entre SoundOn y ACRCloud representa un síntoma de un cambio estructural en la industria musical. La distribución no puede seguir siendo un proceso pasivo, necesita covertirse en un punto crítico de control.
La pregunta que queda en el aire es si estas medidas serán suficientes. A medida que las herramientas de creación y manipulación se vuelven más accesibles, la línea entre lo original y lo derivado seguirá difuminándose.
Lo que está claro es que la batalla contra el fraude musical ya no se libra únicamente en las plataformas de streaming, sino que empieza mucho antes, en el momento exacto en que una canción se sube al sistema.




