Suno podría estar obligada a pagar más de $9 mil millones a las discográficas
Lo que comenzó como una disputa sobre los límites de la tecnología y la propiedad intelectual ha escalado rápidamente hasta convertirse en una guerra de desgaste financiero.
Las discográficas principales están desplegando una estrategia multifacética: por un lado, elevan exponencialmente las posibles indemnizaciones por daños y perjuicios en los tribunales para asfixiar económicamente a las startups; por otro, utilizan el descubrimiento de pruebas judiciales para desmantelar las defensas legales de la IA y escudriñar los movimientos de sus competidores.
Este análisis examina las dinámicas de esta contienda, el impacto de los acuerdos de licencia selectivos y las implicaciones a largo plazo para el ecosistema musical global.
Una suma imposible de pagar
El movimiento estratégico más reciente y agresivo por parte de Sony Music y Universal Music ha sido la solicitud formal ante los tribunales estadounidenses para expandir drásticamente la lista de grabaciones supuestamente copiadas sin licencia para el entrenamiento de los modelos de IA.
El caso de Suno: Sony y Universal buscan ampliar la lista de canciones protegidas de un catálogo inicial de 560 pistas a una cifra masiva de 61,026 pistas.
El caso de Udio: Sony (la única de las tres grandes que mantiene su demanda contra esta plataforma) pretende añadir algo más de 30,000 grabaciones a su lista formal de infracciones.
Para entender el peso financiero de este ajuste técnico, es necesario remitirse a la estricta legislación de derechos de autor de los Estados Unidos (US Copyright Act). Bajo este marco jurídico, los titulares de derechos pueden reclamar daños estatutarios de hasta $150,000 por cada obra infringida si se demuestra que la violación fue deliberada.
Multiplicar el riesgo económico de Suno a más de $9.1 mil millones transforma la naturaleza del litigio. Deja de ser una disputa comercial manejable para convertirse en una amenaza existencial absoluta para las empresas de IA.
Además, las discográficas insisten en que estas listas de decenas de miles de canciones siguen siendo “modestas”. Dado que tanto Suno como Udio han utilizado de manera efectiva decenas de millones de pistas para entrenar sus redes neuronales, el cálculo real de daños potenciales en un escenario de derrota total en los tribunales no se mediría en miles de millones, sino en billones de dólares.
Las empresas de IA han objetado formalmente esta expansión de las listas, argumentando que se presenta demasiado tarde en el procedimiento judicial y que busca retrasar injustamente el caso. Sin embargo, la justificación de las discográficas pone de manifiesto la opacidad inherente al desarrollo de la IA generativa.
Sony y Universal explican que las listas iniciales, más cortas, fueron el resultado de un proceso “altamente manual y laborioso” antes de presentar las demandas originales, debido a la negativa sistemática de las empresas de IA a ser transparentes sobre los conjuntos de datos (datasets) utilizados para el entrenamiento.
Las listas expansivas actuales solo han sido posibles tras superar las primeras fases de descubrimiento del juicio, el mecanismo procesal estadounidense mediante el cual las partes se ven obligadas a intercambiar documentos e información interna.
Desde una perspectiva analítica, añadir estas pistas no altera los argumentos jurídicos de fondo, pero altera por completo la psicología de la negociación. Las majors argumentan con acierto que verificar la propiedad de los derechos de autor de las nuevas canciones añadidas es un trámite técnico que puede realizarse de forma posterior a que el juez dicte sentencia sobre el núcleo legal del caso: la doctrina del Fair Use.
La Doctrina del Fair Use en el Limbo Jurídico
El argumento central de Suno, Udio y la gran mayoría del sector tecnológico es que el raspado de datos y el entrenamiento de modelos de IA constituyen un “uso legítimo” o fair use bajo la ley estadounidense.
Sostienen que el proceso transforma las obras originales para crear un producto tecnológico completamente nuevo y que no requiere la autorización ni el pago de tarifas a los titulares de los derechos.
Por el contrario, la industria de la música, respaldada por la industria del cine, editoriales literarias y medios de comunicación, afirma categóricamente que copiar millones de obras propietarias para crear un motor comercial competitivo es una infracción directa.
El Estado de la Jurisprudencia: Aunque se han producido fallos preliminares en casos de industrias adyacentes, las decisiones clave serán apeladas inevitablemente. En el sistema judicial de EEUU, obtener una sentencia definitiva y vinculante del Tribunal Supremo sobre el entrenamiento de IA y el fair use podría tomar varios años.
Vivir bajo la sombra de una posible multa de billones de dólares durante años es una posición insostenible para las startups que dependen de la confianza de los inversores de capital de riesgo.
Es precisamente esta incertidumbre jurídica la que las discográficas están explotando como palanca comercial para forzar a las empresas de IA a sentarse a la mesa de negociaciones hoy, prefiriendo un acuerdo de licencia millonario por adelantado a una catástrofe financiera en el futuro.
El acuerdo Warner-Suno
La solidez del bloque de las discográficas se vio alterada cuando Warner Music Group (WMG) decidió desmarcarse de los litigios y firmar un acuerdo de licencia directo con Suno, retirando sus demandas.
Este movimiento de Warner ha abierto una fascinante subtrama legal. Sony y Universal están presionando intensamente al juez de instrucción, Paul G. Levenson, para que obligue a Suno a desvelar los términos confidenciales de su contrato con Warner. Los motivos de las dos majors combinan el interés estratégico con una profunda necesidad de contrarrestar los argumentos de defensa de la IA.
El Desmantelamiento del Argumento del “Mercado Inviable”
El principal argumento legal de Suno durante casi dos años para defender su fair use ha sido que no existe un mercado viable para licenciar grabaciones de sonido como datos de entrenamiento para IA generativa; es decir, que la estructura del mercado musical hacía inviable la obtención de permisos individuales.
Universal y Sony argumentan que el acuerdo de noviembre de 2025 entre Suno y Warner destruye por completo esa premisa:
Si no existe un mercado viable, ¿cómo pudo Suno negociar, estructurar y firmar un acuerdo comercial de licencias con Warner?
Las majors afirman que no permitirles ver este contrato permitiría a Suno defender la inexistencia de un mercado mientras oculta bajo llave la prueba misma que demuestra que dicho mercado existe y que ellos participan activamente en él.
El Enfoque Comercial: Los “Walled Gardens” frente a la Distribución Libre
El conflicto de fondo entre las posiciones de las discográficas restantes y las plataformas de IA no es solo legal, sino estrictamente comercial y estructural. Las negociaciones entre Suno, Universal y Sony se encuentran en un punto muerto debido a visiones irreconciliables sobre el control de la distribución:
La Postura de Sony y Universal (Walled Gardens): Exigen que cualquier música generada mediante sus catálogos licenciados permanezca dentro de un “jardín amurallado” (walled garden). El usuario puede crear la canción dentro de la aplicación de Suno o Udio, pero no puede exportar el archivo de audio ni distribuirlo de forma externa a plataformas de streaming comerciales como Spotify o Apple Music, evitando así que compita directamente con los artistas humanos de su catálogo. Udio aceptó estas restricciones con UMG.
La Postura de Suno (Distribución Abierta): Suno se niega a aceptar este confinamiento, pues su modelo de negocio se basa en ofrecer a los usuarios la propiedad intelectual de las pistas generadas para su monetización libre en el mercado global.
El hecho de que Warner aceptara un trato con Suno plantea incógnitas sobre si WMG ha adoptado una estrategia de IA radicalmente distinta o si capituló por razones financieras a corto plazo.
El acuerdo incluyó un componente inusual: Suno absorbió Songkick, una plataforma de venta de entradas e información de conciertos que formaba parte de una división de medios digital que Warner intentó construir en el pasado y que posteriormente abandonó. Para Warner, el acuerdo con Suno supuso una inyección rápida de capital y la oportunidad de deshacerse de un activo no estratégico.
Al margen de los tecnicismos procesales, la trayectoria de este conflicto demuestra que la industria de la música está repitiendo, con mayor madurez y agresividad, el guion utilizado en las eras de Napster y YouTube. La incertidumbre legal y la amenaza de una bancarrota multimillonaria dictada por los jueces son las herramientas definitivas del sector discográfico para doblegar la resistencia de Silicon Valley. Tarde o temprano, la música generativa por IA operará bajo un marco totalmente licenciado; la única duda que queda por resolver en los tribunales es cuántos miles de millones de dólares les costará a las empresas tecnológicas fijar el precio de esa transición.


